Me enamora la amistad.
Siempre he estado enamorada
de algo que me ha sido esquivo
tal como la deseaba.
Me doy cuenta de que ansío
ser la buena acompañante,
alguien que ni yo veía
a veces en mi semblante.
Parecía errar hablando,
pues molestaba mi enfoque,
quizá dijera las cosas
con miedo a producir choque.
Y he callado en cambio mucho
ignorándome a mí misma,
la primera receptora
de mi tristeza escondida.
Ahora estoy remontando
de algunas melancolías
porque no son sostenibles
cuando hay buena compañía.
Recuperando el ímpetu
que siempre me ha acompañado,
salgo a fuerza de abrazos,
de todo cuanto he llamado.
Llamé a mi alma con cantos
la llamé y seguí llamando
cuando ella siempre atenta,
se la pasaba observando.
Todo lo que yo tapaba
lo que iba camuflando
sin reproches, pura esencia
de mi existir cotidiano.
Y aún ando con balanceos
como si hubiera tomado
ahora embriagada por todo
cuanto me estoy encontrando.
Encuentro que la amistad
prospera por todos lados
no hace falta creer en ella
sino aceptar sus milagros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario