El cántaro besó el suelo
y vistió de grietas su piel.
Alguien vertió sobre ellas
ríos de oro, dulce miel.
El cántaro ahora es casa
y los que habitan en él
reconocen que sus grietas
están igual en su piel.
Vertamos ríos dorados
sobre todas las heridas
que el corazón reviva
las ilusiones perdidas...
Que nunca lo estuvieron tanto
que siempre estuvieron vivas.
Corazones, recordemos
cómo es en sí nuestra vida.
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