jueves, 26 de octubre de 2017

Conmovida

El cántaro besó el suelo

y vistió de grietas su piel.

Alguien vertió sobre ellas

ríos de oro, dulce miel.

El cántaro ahora es casa

y los que habitan en él

reconocen que sus grietas

están igual en su piel.

Vertamos ríos dorados

sobre todas las heridas

que el corazón reviva

las ilusiones perdidas...

Que nunca lo estuvieron tanto

que siempre estuvieron vivas.

Corazones, recordemos

cómo es en sí nuestra vida.

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