A una estrella de seis puntaa
habló admirado un abuelo
que en la montaña del sol
columpiaba a sus dos nietos.
"Veo en tus puntas asientos"
Me frotaré los ojos
"Pero me imagino a niños
en tus columpios de oro".
Y la estrella conmovida
bajó al suelo y dio a los niños
sus puntas para que ellos
las colgaran de los pinos.
Y por toda la montaña
fueron colgando columpios
que al montarse allí los niños
los transportaba a otros mundos.
Mundos de juego y de paz
capaces de acoger sueños
como el del hombre que trajo
columpios de luz del cielo.
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