Para que el río llegue,
a ser río,
antes fue todas las cosas.
Fue capullo de rosa,
salpicado de escarcha,
que llenó de luz el aire
en que dibujó su flor.
Fue la mano que reposa
sobre otra, transmitiendo,
fuerza , valor y cariño...
del que nace una canción.
Fue esa canción la que un día,
a la luna y las estrellas,
las preguntó quién las puso,
lejos, siendo tan bellas.
Y la canción al no oírlas
las visitó una por una,
cantando a su corazón,
navegando las lagunas...
Que el amor había creado,
para que el corazón madure
al verse cruzando a ciegas,
lo que siente, lo que intuye.
Y su corazón se abrió
a ser todas las respuestas,
a albergar toda la luz
que hay presente en cada estrella.
De esta canción un río
quiso nacer en donde
hubiera seres que igual,
abrieran sus corazones.
Y llegando aquí, la Tierra,
abrió alegre el corazón
a esta pura melodía
que de esta forma llegó.
Y a miles los manantiales
nacieron de sus montañas.
La canción cobraba vida
desde sus propias entrañas.
Y así es que si río quieres
llegar a ser algún día,
has de ser todas las cosas,
entregar tu melodía,
al curso de un arroyuelo
en que la rosa se mire,
y se vea un sol eterno,
en que el tiempo difumine
lo que es cerca, lo que es lejos...
No digo más, que es tiempo,
de que la rosa sea rosa,
que tu alegría... sea cielo,
y el cielo se abra en los ojos,
de cada corazón sincero.
Extraordinario, así lo veo
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